Rápido, que se va todo al carajo !!
miércoles, 25 de marzo de 2009
Su verdadero pecado –mortal- es no ser pobres
“¿Le parece justo que después de veinte años de entregarle mi vida al entretenimiento de la gente, de jugarme entero en la televisión, de construir mi empresa ladrillo sobre ladrillo, de darle trabajo a la gente, no pueda disfrutar en paz mi dinero bien habido?”
“¿Usted cree que nos merecemos esto? ¿Porqué nadie hace nada para protegernos, para cuidarnos?”
Póngale la firma que quiera. No es preocupante, a decir verdad, que los “famosos” –tanto imbéciles como lúcidos- atiborren las pantallas protagonizando brotes paranoides y exigiendo mano dura. Porque después de todo, son famosos. Forman parte de la caterva de supuestos inocentes mediáticos que afirman no meterse en política pero desde hace décadas vienen sustentando este capitalismo salvaje, desigual y deshonesto con su silencio, con su tergiversación, con su ocultamiento cómplice o con el aprovechamiento descarado de prebendas y sinecuras.
Marcelo, Mirta, Moria o Susana, vayan o no personalmente a la Plaza, se’gual. Para ellos, la inmoralidad de la miseria se ha convertido en una costumbre tan arraigada –y tan necesaria- que la consideran decencia.
Los billetes apilados en las cajas de seguridad han conseguido generar en sus neuronas un vallado protector e infranqueable, que les impide –a Dios dan gracias- relacionar algunos cientos de countrys, miles de 4x4’s y Mercedes con custodia, colegios privados y empresas construidas a fuerza de decretazos benefactores, con hambrunas, desocupación, analfabetismo, drogas duras y violencia mamada desde el biberón escaso y mugriento.
Por supuesto que ellos no son culpables. Sólo co-rresponsables. Por omisión o desidia, eligieron aceptar un mundo injusto y terrible y obtener de él el mejor provecho posible. Triunfaron en ese mundo, y no es su culpa si estar entre los pocos que ganan implica desentenderse de los muchos que pierden. Como diría Mirta, “cuando estás mal, te maltratan” y nadie quiere ser maltratado. Ellos supieron evitarlo.
Pero insisto: no son ellos los que me preocupan, sino los otros. Los miles de gansos aquiescentes que el 18 próximo estarán en la Plaza, tratando de sacarse la foto con semejantes ídolos. Los que se ufanarán luego en La Paternal o en Flores, contándole a los chochamus del bar de la esquina que estuvieron allí pidiendo la pena de muerte.
Me asusta mi suegra, maestra de toda la vida, o mi cuñado, ingeniero electrónico, que no van a la Plaza pero lo miran por TV, y sin duda se sentirán solidarios con tantos miles de acorralados y aterrorizados ciudadanos.
Me estremecen aquellos cientos de miles de opinantes irreflexivos que no tendrán nunca nada de valor para ser robado, pero que se identifican ciegamente con un reclamo hipócrita y falsario que exige la muerte para defender la propiedad. No comprenden que su aprobación maquinal no sólo los hace menos dignos como individuos, sino que ayuda a justificar la riqueza indefendible y ofensiva, el insulto exhibicionista en un país donde poseer una casa modesta, un auto usado, un trabajo pasable, parece un logro inalcanzable para el 50 por ciento de sus compatriotas.
Todos ellos le exigen al Estado que mate. Ninguno de ellos se animaría a matar. ¿Qué podría criticar este cronista de un padre -herido por la pérdida- que decide eliminar por propia mano al asesino de su hijo? Pero ¿qué tiene que ver ese padre con otro que sale a pedir llorando por televisión que alguien haga lo que él no se atreve a hacer?
Aunque las estadísticas afirmen que la Argentina es uno de los países más seguros de América. Aunque desmientan de forma categórica que la violencia no es un “atributo natural” de la pobreza, sino resultante de una moral social distorsionada y enferma y, como tal, afecta a todos en distintas formas (1). Aunque se les asegure que la mano dura nunca ha solucionado nada en ningún país del mundo. Ellos seguirán negándose a entender que su misma condición de “bienpensantes” es la que los convierte en víctimas potenciales.
Porque es esa indiferencia, ese pecado de omisión, esa mirada neutra y vacía que mantienen ante la desgracia ajena, la que los hace enemigos, odiados, los trasmuta en rubios, altos y de ojos celestes, aunque sean hijos de un cetrino peón siciliano o un carretero de Castilla cortón y morrudo.
Ellos, los que no son famosos, van a Plaza de Mayo sin poder creer que la injusticia está de su lado. No son ricos, y piensan que eso los absuelve. Lo triste, lo verdaderamente preocupante, es que no pueden reconocer que, para la otra miserable mitad de la población, su verdadero pecado –mortal- es no ser pobres.
Enrique Gil Ibarra
(1) No es moralmente diferente la violencia del chorro pobre que mata en medio de un robo, que la de un joven de clase media que atropella a alguien circulando a 180 kilómetros por hora.
viernes, 6 de febrero de 2009
Preguntas ingenuas
Compañeros, nos hemos pasado décadas afirmando ideas y luchando por ellas. En unas pocas ocasiones, alcanzamos en la difusión y aceptación de las mismas un éxito relativo y fugaz. La mayoría de las veces, un rotundo fracaso nos forzó a retroceder, tomar impulso nuevamente y seguir insistiendo. Tengo que reconocer hoy, en mi caso casi 40 años después, que la mayoría del tiempo invertido fue desaprovechado. Infructífero.
¿Dónde estuvo el error? ¿Cómo es posible que si uno (cualquiera sea) plantea las posibilidades ciertas de mejorar el mundo en el que vive, si explicita lógicamente las maneras, las condiciones en que se puede cambiar gradualmente, si tantos cientos y miles de compañeros en todos las provincias, en todas las ciudades y los pueblos, insistimos y explicamos, demostramos, reiteramos, no hayamos logrado al menos un resultado mensurable en cifras?
Vengámonos más cerca. Me pregunto: ¿cómo es posible que un país (o un continente) como el nuestro, constituido mayoritariamente por hijos y nietos de inmigrantes pobres, de esclavos, de aborígenes cuasi extinguidos, de miserables exiliados que vinieron con una mano tapándose el culo y la otra lo que tuvieran delante, no pueda resolver con cierta generosidad (aunque sea por el recuerdo de sus carencias pasadas) las necesidades básicas de sus compatriotas menos favorecidos, menos afortunados, menos inteligentes o menos instruidos?
Sé perfectamente que es una pregunta idiota. Y que hay, como corresponde, mil respuestas sociológicas, sicológicas, económicas, políticas, ideológicas y tres mil etcéteras para contestarla.
De manera que no me expliquen obviedades. Porque a lo mejor –digo- precisamente el problema está en que conocemos las respuestas, pero tal vez no sepamos hacer las preguntas necesarias para que el conjunto del pueblo (la “gente”, como se dice ahora), se responda a sí misma y, a su vez, se pregunte qué mierda está haciendo.
Fíjense que no pretendo ya definiciones profundas, sesudas reflexiones sobre la justicia, ni siquiera deseo referirme a la lucha de clases, ni a una ideología, y mucho menos acercarme a una moral social. Vamos más atrás, más a lo básico. Vamos a la ética personal. Dirán algunos: “si, muy simple, pero… ¿quién sabe lo que significa esa palabreja?
Y la respuesta es: todos. Tal vez no puedan definirla en largos párrafos o con la estrictez del diccionario, pero todos tenemos grabado a fuego en el cerebro su significación elemental: todos queremos ser “buenos”. No creo que ninguno haya encontrado jamás una sola persona que se califique a si misma, salvo en broma, como “mala”, “deshonesta”, “cruel”, “viciosa”, ni siquiera “egoísta”. En todos los casos, el accionar “dudoso” es justificado mediante una excusa, una explicación, un “no pude hacer otra cosa” que disminuye, si no elimina, la culpa. Y eso, evidentemente, indica que la persona en cuestión “sabe” que no está respondiendo a su imperativo elemental: ser “buena gente”.
¡Pero qué ingenuidad! Estarán pensando varios. Y les avisé que este texto trataba precisamente de eso. Porque si quitamos esa ingenuidad no queda más remedio que concluir que la gran mayoría de los seres humanos, en la Argentina y en el mundo, somos malas personas. Y malos de verdad. ¿Están dispuestos a aceptarlo? ¿Están dispuestos a reconocer –aunque sea en su fuero íntimo- “en realidad soy un/a hijo/a de puta” igual que mi esposa/marido y así serán mis hijos? No lo creo. Creo que todos logramos justificar nuestras “maldades” diarias porque evitamos hacernos las preguntas clave. Aquellas que nos obligan a reconocer que “nos cayó la ficha”, como decimos aquí.
Parto de la base que cualquiera al que le preguntaran si le gustaría que el mundo fuera mejor, más justo, contestaría que si. Y que (incluso honestamente) le gustaría “hacer algo” para ayudar pero, claro, "no sabe" cómo.
Seguramente, cuando alguno de mis compañeros y amigos militantes lea esto, sonreirá irónico y supondrá que los gagacocos (reliquia de Humor Registrado) me comieron el bocho irreversiblemente. Bueno, puede ser, hoy me desperté simple. Tan simple que no tengo respuestas, sino preguntas. Preguntas que, reitero, no tienen que ver con ideologías ni partidos, ni líderes. Que no hacen a la “política”, ni a la “revolución”, ni a la “conciencia” social. Vamos más atrás:
• ¿Le tiré un mango al último pibe que me pidió una moneda para comer?
• ¿Le hice un “favor verdadero” (de esos que cuestan) al último que me lo pidió?
• ¿Sigo pensando (en la práctica) que lo que tengo me lo gané solo?
• ¿Creo –conscientemente- que los hijos de los otros son “menos importantes” que los míos?
• ¿Creo –conscientemente- que yo soy “más importante” que los demás?
• ¿Creo –conscientemente- que en los últimos días (no años ni meses) hice de verdad “algo” para que mi país (mi ciudad, mi barrio, mi pueblo) sea mejor?
• ¿Me he detenido cinco minutos (no más) en los últimos días (no años ni meses) para pensar en lo que yo podría hacer para que mi país (mi ciudad, mi barrio, mi pueblo) sea mejor?
A esta altura, ustedes pensarán: “esto parece un manual de autoayuda”. Pero la verdad yo creo que los que no pueden contestar rotundamente “si” o “no” (según corresponda) a todas las preguntas de arriba, verdaderamente necesitan ayuda. Son preguntas simples, básicas, y cualquier persona medianamente honesta puede imaginar sin que yo las escriba las 10 ó 20 preguntas siguientes, las que debería hacerse a solas para decidir, con veracidad, si es o no “buena gente”.
Por supuesto tengo la seguridad de que la mayoría no lo harán. Preguntarse a uno mismo cosas simples suele ser peligroso, porque es casi inevitable hallar las respuestas.
Pero sería interesante que lo hicieran. Porque no sólo quedarían esclarecidos con respecto a la vida que llevan y el porqué el mundo funciona como funciona, sino que entenderían el motivo por el cual aquellos que ya intentamos respondernos esas preguntas hace mucho tiempo, quedamos “atados” a una especie de caprichoso camino del que no podemos (¿no queremos?) salir.
Comprenderían también porqué “no me pasa a mí” no es una “buena” respuesta. Y ya no se preguntarían “inocentemente” ¿por qué? cuando algunos de nosotros de tanto en tanto nos cansamos, y elegimos transitar ese camino al que nos atamos, por rutas más rápidas, menos amables y muchísimo más dolorosas para todos.
Enrique Gil Ibarra
AY, CHE !, LA CULPA ES DE LOS CHICOS, VISTES?..(decir esto con una papa caliente en la boca para obtener el tono idóneo)
Así que los metemos presos a todos y se acabó la inseguridad en Buenos Aires que, desde luego, es el fiel reflejo del país.
Este genial descubrimiento lo debemos a los sufridos vecinos de San Isidro, que con la colaboración de sacerdotes, rabinos y esforzados defensores de la libertad y las buenas costumbres, han efectuado una sesuda investigación sociológica que les permitió deducir que, bajando las edades de imputabilidad, se soluciona todo el problema de la inseguridad, la violencia, la delincuencia y la droga. Claro que falta resolver el hambre, la miseria, la falta de trabajo, la humillación diaria, la corrupción, la desigualdad social y la indiferencia. Pero por algo hay que empezar.
De manera que descargamos la culpa en los pibes de 14, y todos contentos.
No es necesario preocuparse por recordar que esas mismas señoras que aplaudían a Juan Carr frente al Municipio, son las que se bajaban de los aviones provenientes de Miami, con sus valijas repletas de “déme dos”, justito cuando esos chicos que vamos a encarcelar hoy estaban a punto de nacer.
Para qué vamos a decir que sus maridos aullaban en la calle Florida defendiendo las privatizaciones de las empresas del Estado que dejaron sin trabajo a miles de argentinos condenándolos, en el mejor de los casos, a apostar a un kiosquito de golosinas o a una remisería globalizados, destinados al fracaso.
Ni siquiera es procedente destacar que la mayoría de las personas serias, razonables y que conocen algo del tema en todo el planeta señalan que la delincuencia en los adolescentes –problema mundial- se produce porque hemos marginado a un enorme sector de la sociedad que, a ver si lo entendemos, no nos debe nada a nosotros. Que somos “los otros”. Los que nos vestimos, comemos, trabajamos, vivimos “como Dios manda”, y recién ahora, cuando las papas queman, nos acordamos que existen estos chicos a los que les dimos vuelta la cara desde antes que nacieran. Como siempre, nuestra solución es sacarlos de la vista.
Cosa curiosa: no escuché a los vecinos de San Isidro reclamar un cambio de legislación urgente y medidas inmediatas para la resocialización de esos chicos. Si, por supuesto, escuché declamaciones diciendo que “es necesario” que existan centros de reeducación en todo el país. Pero el cambio de Ley de verdad exigido es que puedan ir presos “ya” porque, claro, nos molestan hoy.
Y todos entendemos que esas declaraciones sobre reeducación e integración social son para la gilada, si después de todo son unos negros de mierda que no tienen arreglo.
Llama la atención observarnos a los adultos buscando “soluciones”: nos comportamos como chicos.
En lugar de educar, contener, alimentar, vestir y querer; en vez de exigir a la dirigencia soluciones de fondo para sanear la sociedad enferma en la que vivimos; a contramano de pensar seriamente cómo rescatamos a estos nenes (¡14 años!) para que no elijan robar, queremos meterlos presos. ¿Será que eso es suficiente? Porque luego están los de 13, y los de 12. ¿Dentro de un par de años bajamos la ley de nuevo? ¿Y si los encanamos desde que nacen, así no nos joden más?
Como si fuéramos chicos, no hicimos nada ayer, pero queremos la solución hoy. Aunque eso signifique cargarle la culpa a alguien, por supuesto siempre más pequeño, siempre más débil.
Elegimos continuar compartiendo, indignamente, la complicidad de la indiferencia. Mañana, con un poco de suerte e imaginación, tal vez la culpa la tengan otros: los paraguayos, los coreanos o los analfabetos. Quizás a algún genio capitalino se le ocurra entonces exigir el voto calificado. Después de todo, como Duhalde dijo hace tiempo, estamos “condenados al éxito”, así que probando y probando, alguna vez la vamos a pegar.
Tantos años pasaron y seguimos en el país jardín de infantes.
Enrique Gil Ibarra
Operación Plomo Impune
Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos.
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Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes.
Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.
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Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelita usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina.
Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.
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Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa.
No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho.
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Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros.
¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?
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El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.
Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí.
Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.
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La llamada comunidad internacional, ¿existe?
¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro?
Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad.
Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.
La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.
(Este artículo está dedicado a mis amigos judíos asesinados por las dictaduras latinoamericanas que Israel asesoró.)
LA VERDADERA EDAD DE LOS PAISES
Leí una vez que Argentina no es mejor ni peor que España, sólo más joven. Me gustó esa teoría y entonces inventé un truco para descubrir la edad de los países basándome en el sistema perro. Desde chicos nos explicaron que para saber si un perro es joven o viejo había que multiplicar su edad biológica por 7. Con los países, entonces, hay que dividir su edad por 14 para saber su correspondencia humana. ¿Confuso? En este artículo pongo algunos ejemplos reveladores.
Argentina nació en 1816. Tiene ciento ochenta y nueve años. Si lo dividimos por 14, Argentina tiene trece años y cuatro meses. O sea, está en la edad del pavo. Argentina es rebelde, es pajera, no tiene memoria, contesta sin pensar y está llena de acné. Por eso le dicen el granero del mundo.
Casi todos los países de América Latina tienen la misma edad y, como pasa siempre en esos casos, hay pandillas. La pandilla del Mercosur son cuatro adolescentes que tienen un conjunto de rock. Ensayan en un garage: hacen mucho ruido y jamás sacaron un disco. Venezuela, que ya tiene tetitas, está a punto de unirse para hacer los coros. En realidad quiere coger con Brasil, que tiene catorce y la poronga grande. Son chicos; un día van a crecer.
México también es adolescente, pero con ascendente indio. Por eso se ríe poco y no fuma inofensivo porro como el resto de sus amiguitos. Fuma peyote y se junta con Estados Unidos, que es un retrasado mental de 17 que se dedica a matar a chicos hambrientos de seis añitos en otros continentes.
En el otro extremo, por ejemplo, está la China milenaria: si dividimos sus 1.200 años entre 14, nos da una señora de ochenta y cinco, conservadora, con olor a pis de gato, que se la pasa comiendo arroz porque no tiene para comprarse la dentadura postiza. Tiene un nieto de ocho, Taiwán, que le hace la vida imposible. Está divorciada hace rato de Japón, que es un viejo cascarrabias al que todavía se le para la chota. Japón se juntó con Filipinas, que es jovencita, es boluda y siempre está dispuesta a cualquier aberración a cambio de dinero.
Después están los países que acaban de cumplir la mayoría de edad y salen a pasear en el BMW del padre. Por ejemplo Australia y Canadá. Estos son típicos países que crecieron al amparo papá Inglaterra y de mamá Francia, con una educación estricta y concheta, y ahora se hacen los locos. Australia es una pendeja de 18 años y dos meses que hace topless y coge con Sudáfrica; Canadá es un chico gay emancipado que en cualquier momento adopta al bebé Groenlandia y forman una de estas familias alternativas que están de moda.
Francia es una separada de 36 años, más puta que las gallinas, pero muy respetada en el ámbito profesional. Es amante esporádica de Alemania, un camionero rico que está casado con Austria. Austria sabe que es cornuda, pero no le importa. Francia tiene un hijo, Mónaco, que tiene seis años y va camino de ser puto o bailarín, o las dos cosas.
Italia es viuda desde hace mucho tiempo. Vive cuidando a San Marino y a Vaticano, dos hijos católicos idénticos a los mellizos de los Flanders. Italia estuvo casada en segundas nupcias con Alemania (duraron poco: tuvieron a Suiza) pero ahora no quiere saber nada con los hombres. A Italia le gustaría ser una mujer como Bélgica, abogada, independiente, que usa pantalón y habla de tú a tú de política con los hombres. (Bélgica también fantasea a veces con saber preparar spaghettis.)
España es la mujer más linda de Europa (posiblemente Francia le haga sombra, pero pierde en espontaneidad por usar tanto perfume). España anda mucho en tetas y va casi siempre borracha. Generalmente se deja coger por Inglaterra y después hace la denuncia. España tiene hijos por todas partes (casi todos de trece años) que viven lejos. Los quiere mucho, pero le molesta que los hijos, cuando tienen hambre, pasen alguna temporada en su casa y le abran la heladera.
Otro que tiene hijos desperdigados es Inglaterra. Gran Bretaña sale en barco a la noche, se culea pendejas y a los nueve meses aparece una isla nueva en alguna parte del mundo. Pero no se desentiende: en general las islas viven con la madre, pero Inglaterra les da de comer. Escocia e Irlanda, los hermanos de Inglaterra que viven en el piso de arriba, se pasan la vida borrachos, y ni siquiera saben jugar al fútbol. Son la vergüenza de la familia.
Suecia y Noruega son dos lesbianas de 39, casi 40, que están buenas de cuerpo a pesar de la edad y no le dan bola a nadie. Cogen y laburan: son licenciadas en algo. A veces hacen trío con Holanda (cuando necesitan porro), y a veces le histeriquean a Finlandia, que es un tipo de 30 años medio andrógino que vive solo en un ático sin amueblar, y se la pasa hablando por el móvil con Corea.
Corea (la del sur) vive pendiente de su hermana esquizoide. Son mellizas, pero la del norte tomó líquido amniótico cuando salió del útero y quedó estúpida. Se pasó la infancia usando pistolas y ahora, que vive sola, es capaz de cualquier cosa. Estados Unidos, el retrasadito de 17, la vigila mucho, no por miedo, sino porque quiere sus pistolas.
Israel es un intelectual de sesenta y dos años que tuvo una vida de mierda. Hace unos años, el camionero Alemania (que iba por la ruta mientras Austria le chupaba la pija) no vio que pasaba Israel y se lo llevó por delante. Desde ese día, Israel se puso como loco. Ahora, en vez de leer libros, se la pasa en la terraza tirándole cascotes a Palestina, que es una chica que está lavando la ropa en la casa de al lado.
Irán e Irak eran dos primos de 16 que robaban motos y vendían los repuestos, hasta que un día le robaron un repuesto a la motoneta de Estados Unidos, y se les acabó el negocio. Ahora se están comiendo los mocos.
El mundo estaba bien así, es decir, como estaba. Hasta que un día Rusia se juntó (sin casarse) con la Perestroika y tuvieron docena y media de hijos. Todos raros, algunos mogólicos, otros esquizofrénicos.
Hace una semana, y gracias a un despelote con tiros y muertos, los habitantes serios del mundo descubrimos que hay un país que se llama Kabardino-Balkaria. Un país con bandera, presidente, himno, flora, fauna, ¡y hasta gente!
A mí me da un poco de miedo que nos aparezcan países de corta edad, así, de repente. Que nos enteremos de costado, y que incluso tengamos que poner cara de que ya sabíamos, para no quedar como ignorantes. ¿Por qué siguen naciendo países nuevos —me pregunto yo— si los que hay todavía no funcionan?
Fuente: http://orsai.es
miércoles, 7 de enero de 2009
Los que se quieren comer el mundo
Por Silvia Ribeiro
Inmersos en una enorme crisis del capitalismo, madre de muchas crisis convergentes, se rescata con dinero público a las más grandes empresas privadas del planeta, mientras siguen aumentando los pobres y hambrientos y el caos climático. Según el economista mexicano Andrés Barreda, estamos en una crisis de brutal sobre-acumulación capitalista: gigantesco vómito de quienes creyeron que se podían tragar al mundo, pero no pudieron digerirlo.
Largamente acuñadas, las crisis actuales tienen un contexto de concentración creciente del poder corporativo, apropiación de recursos naturales y desregulación o leyes a favor de las empresas y especuladores financieros, que ha aumentado sin pausa en las últimas décadas.
En el 2003, el valor global de fusiones y adquisiciones fue 1, 300,000 millones de dólares (1,3 billones). En 2007, llegó a 4,48 billones de dólares. En la industria alimentaria, el valor de las fusiones y compras entre empresas se duplicó del 2005 al 2007, llegando a 200 mil millones de dólares. La debacle financiera terminó con algunas empresas, favoreciendo oligopolios aún más cerrados.
¿Qué significa esto para la gente común? El informe del Grupo ETC “De quién es la naturaleza” (disponible en www.etcgroup.org/es), ofrece un análisis en el contexto histórico de la concentración corporativa de sectores claves en las últimas 3 décadas. Desde entonces el Grupo ETC ha seguido las maniobras de mercado de las autodenominadas “industrias de la vida”, (biotecnología en agricultura, alimentación y farmacéutica). En el nuevo informe, se agregan las empresas detrás de la convergencia de biotecnología con nanotecnología y biología sintética, que promueven nuevas generaciones de agrocombustibles y más allá: intentan generar una economía post-petrolera basada en el uso de carbohidratos y vida artificial.
El sector agroalimentario sigue siendo uno de los ejemplos más devastadores, por ser un rubro esencial: nadie puede vivir sin comer. Es además, el mayor “mercado” del mundo. Por ambas razones, las transnacionales se lanzaron agresivamente a controlarlo. En las últimas 3-4 décadas, pasó de estar altamente descentralizado, fundamentalmente en manos de pequeños agricultores y mercados locales y nacionales, a ser uno de los sectores industriales globales con mayor concentración corporativa. Para ello fue necesario un cambio radical en las formas de producción y comercio de alimentos. Gracias a los tratados de “libre” comercio, la agricultura y los alimentos se transformaron de más en más en mercancías de exportación, en un mercado global controlado por una veintena de transnacionales.
Según un informe de la FAO sobre mercados de productos básicos, a principios de la década de 1960, los países del Sur global tenían un excedente comercial agrícola cercano a los 7000 millones de dólares anuales. Para fines de la década de 1980 el excedente había desaparecido. Hoy todos los países de Sur son importadores netos de alimentos.
En la década de 1960, casi la totalidad de las semillas estaban en manos de agricultores o instituciones públicas. Hoy, 82 por ciento del mercado comercial de semillas está bajo propiedad intelectual y diez empresas controlan 67 por ciento de ese rubro. Estas grandes semilleras (Monsanto, Syngenta, DuPont, Bayer, etc.) son en su mayoría propiedad de fabricantes de agrotóxicos, rubro en el cual las diez mayores empresas controlan 89 por ciento del mercado global. Que a su vez están representadas entre las diez empresas más grandes en farmacéutica veterinaria, que controlan 63 por ciento de ese rubro.
Los 10 mayores procesadores de alimentos (Nestlé, PepsiCo, Kraft Foods, CocaCola, Unilever, Tyson Foods, Cargill, Mars, ADM, Danone) controlan el 26 por ciento del mercado, y 100 cadenas de ventas directas al consumidor controlan el 40 por ciento del mercado global. Parece “poco” en comparación, pero son volúmenes de venta inmensamente mayores. En el año 2002, las ventas globales de semillas y agroquímicos fueron 29,000 millones de dólares, las de procesadores de alimentos 259,000 millones y las de cadenas de ventas al consumidor 501,000 millones. En el 2007, esos tres sectores aumentaron respectivamente a 49,000 millones; 339,000 millones y 720,000 millones de dólares. Sigue siendo el supermercado WalMart, la empresa más grande del mundo, siendo la número 26 entre las 100 economías más grandes del planeta, mucho mayor que el Producto Interno Bruto (PIB) de países enteros como Dinamarca, Portugal, Venezuela o Singapur.
De las semillas al supermercado, las transnacionales dictan o pretenden dictar qué plantar, cómo comerlo y dónde comprarlo. Frente a las crisis nos recetan más de lo mismo: más industrialización, más químicos, más transgénicos y otras tecnologías de alto riesgo, más libre comercio. No es extraño, ya que todas están entre los que más han lucrado con el aumento de precios y hambrunas: obtuvieron ganancias que van hasta 108 por ciento más que en años anteriores.
También la disparidad de ingresos individuales en el mundo creció. La riqueza acumulada de los 1125 individuos más ricos del mundo (4,4 billones de dólares) es casi equivalente al PIB de Japón, segunda potencia económica mundial después de Estados Unidos. Esta cifra es mayor que los ingresos sumados de la mitad de la población adulta del planeta. 50 administradores de fondos financieros (hedge funds y equity funds), los grandes especuladores que provocaron la “crisis”, ganaron durante el 2007 un promedio de 588 millones de dólares, unas 19,000 veces más que el trabajador estadounidense típico y unas 50,000 veces más que un trabajador latinoamericano medio. El director ejecutivo de la financiera Lehman Brothers, ahora en bancarrota, se embolsó 17,000 dólares por hora durante todo el 2007 (datos de Institute for Policy Studies).
Resumiendo, una absurda minoría de empresas y unos cuantos multimillonarios que poseen sus acciones, controlan enormes porcentajes de las industrias y los mercados básicos para la sobrevivencia, como alimentación y salud.
Esto les permite una pesada injerencia sobre las políticas nacionales e internacionales, moldeando a su conveniencia las regulaciones y los modelos de producción y consumo que se aplican en los países, que a su vez son causantes de las mayores catástrofes alimentarias, ambientales y de salud.
Así pudo avanzar la privatización y conversión del sistema agroalimentario, hasta hace pocas décadas descentralizado y basado mayoritariamente en semillas de libre acceso, agua, tierra, sol y trabajo humano, para convertirlo en una máquina industrial petrolizada, que exige grandes inversiones, maquinarias caras, devastadoras cantidades de agroquímicos (mejor llamados agrotóxicos) y semillas patentadas controladas por unas pocas empresas. Aunque se produjeron mayores cantidades de algunos granos, no solucionó el hambre en el mundo tal como prometían, sino que aumentó. El saldo de erosión de suelos y biodiversidad agrícola y pecuaria, junto a la contaminación químico-tóxica de aguas, no tiene precedente en la historia de la humanidad. Todo acompañado, por si fuera poco, por una creciente crisis de salud humana y animal (que también es negocio para las mismas empresas).
El paradigma más significativo de esta “involución verde”, son los transgénicos, semillas patentadas adictas a los químicos de las empresas, promovidas como panacea para resolver los actuales problemas de hambre que el propio modelo creó. Otro ingrediente del mismo modelo, ahora empujado con más fuerza, es el altísimo requerimiento de fertilizantes, que por su nombre parecería menos dañino que el resto de los agrotóxicos. Pero el uso de fertilizantes industriales, en lugar del equilibrio de nutrientes naturales de los modelos anteriores de agricultura, también provoca adicción y dependencia y está en manos de un cerrado oligopolio trasnacional. Tal como el petróleo, se basa en el uso de productos finitos y no renovables: según datos de PotashCorp, la primera empresa global de fertilizantes, las reservas de fósforo, ingrediente fundamental de los fertilizantes, disminuyen a ritmo acelerado. Globalmente, el consumo industrial de fertilizantes aumentó 31 por ciento entre 1996 y 2008, debido al incremento de la ganadería industrial y la producción de agrocombustibles. Y con las crisis, el precio se disparó más de 650 por ciento entre enero de 2007 y agosto del 2008. Mosaic, la tercera empresa de fertilizantes a nivel global (55 por ciento propiedad de Cargill) aumentó sus ganancias más de 1000 por ciento en ese período.
Pese a que las trasnacionales pretenden controlar todo, 1200 millones de campesinos y campesinas en el mundo, siguen teniendo sus propias semillas. Aunque WalMart sea la empresa más grande del mundo, el 85 por ciento de la producción global de alimentos se consume cerca de donde se siembra –la mayoría en el mercado informal.
Urge, por el bien de todos y para parar las amenazas al ambiente que nos sostiene, el cuestionamiento profundo del modelo de agroalimentación industrial y corporativo, incluyendo la crítica radical a los que en nombre de las crisis alimentarias y climáticas quieren imponernos más del mismo modelo con transgénicos y agrocombustibles. Las soluciones reales ya existen y son diametralmente opuestas: soberanía alimentaria, como propone La Vía Campesina, a partir de economías agrícolas descentralizadas, diversas, libres de patentes, basadas en el conocimiento y las culturas campesinas, que son quienes por más de diez mil años han probado su capacidad de alimentar sustentablemente a la humanidad.
Basado en el informe del Grupo ETC “De quién es la naturaleza - El poder corporativo y la frontera final en la mercantilización de la vida”, disponible en www.etcgroup.org/es
www.alainet.org/active/28217
América Latina en Movimiento | www.elortiba.org
sábado, 13 de diciembre de 2008
ARGENTINA EN VENTA
QUIZÁS TOMANDO CONCIENCIA COLECTIVA
ALGO SE PUEDA HACER. ¿O NO?Argentina de remate. Apelamos a la conciencia colectiva y el deseo común de todos como pueblo argentino. Apelamos a la unión de todos los ARGENTINOS, con la intención de detener el despojo y la expropiación de nuestro territorio nacional, a manos de capitales extranjeros, que arrasan y se adueñan indiscriminadamente de las mayores riquezas y reservas naturales argentinas. Argentina en Venta:MALARGÜE - Mendoza: 250.000 HECTÁREAS (equivalente a 12 veces la superficie de la Capital Federal), compradas por empresarios de MALASIA, con gente adentro, además de miles vendidas y ofrecidas a capitales CHINOS y ESPAÑOLES. Vendidas: 500.000 hectáreas. En venta: 800.000 hectáreas.DIQUE DE LAS CARRETAS - SAN LUIS: 40.000 hectáreas compradas por empresarios ITALIANOS. En venta: 850.000hecs.SAN JUAN: 2.000.000 de hectáreas en venta, más del 20% de la provincia incluyendo la frontera con Chile. CATAMARCA: Se venden campos del tamaño de la isla GRAN MALVINAS a U$S 8.- la hectárea (el precio de un 'BigMac' en EEUU)Vendidas: 100.000 hectáreas a un grupo HOLANDES. En venta: 1.600.000 hectáreas.EL DORADO - MISIONES: 172.000 hectáreas de la selva Paranaense (única en el mundo), taladas por la empresa ALTO PARANÁ, propiedad del grupo ARAUCO de CHILE. FORMOSA, CHACO Y CORRIENTES: 1.400.000 hectáreas en manos de capitales AUSTRALIANOS. PTO. GRAL. SAN MARTIN - SANTA FÉ: tierras compradas por EEUU. Se han desplazado monumentos históricos nacionales.ENTRE RIOS: Vendidas 100.000 hectáreas. En venta 150.000 hectáreas. SGO. DEL ESTERO, TUCUMÁN Y LA RIOJA: Vendidas: 120.000 hectáreas. En venta: 1.300.000 hectáreas. SALTA: 2.400.000 hectáreas en venta, entre ellas se encuentra la finca JASIMANA en el corazón de los valles calchaquíes, equivalente a 65 veces la superficie de la Cap. Fed.En total, en venta y vendidas 13.000.000 de hectáreas,equivalente a la superficie de Cuba. PATAGONIA: Se vendieron tierras que incluyen lagos, ríos, fronteras, animales, aún en zonas de seguridad. USHUAIA, TIERRA DEL FUEGO: 100.000 hectáreas de bosque(el más austral del mundo), compradas por una corporación de EEUU que intenta talarlas. Cada planta tarda decenas de años en crecer debido a las condiciones climáticas.LAGO ROSARIO - CHUBUT: 20.000 hectáreas compradas y cercadas por ALEMANES, que incluían la reserva deNaturales Mapuches más grande del país, que fue desplazada y despojada de las mejores pasturas para alimentar ganado.SANTA CRUZ: las estancias ( 80.000 hectáreas), Monte León, Don Aike, El Rincón, y Sol de Mayo (cordillera) ,comprada por el terrateniente DOUGLAS TOMPKINS de EEUU, quién pretende apoderarse de las reservas de agua potable más puras del planeta, formadas por la cuenca de los hielos continentales Patagónicos, que desembocan en su mayoría en el río más caudaloso de Patagonia (Rio Santa Cruz).DOUGLAS TOMPKINS, reclama a través de su empresa (THE PATAGONIA LAND TRUST) que el gobierno de la provincia renuncie a estos lugares, quedando finalmente regidos bajo leyes de EEUU. En la ARGENTINA hay vendidas y en venta 16.900.000 hectáreas a EXTRANJEROS. Si a eso le sumamos el proyecto de privatizar bancos como el Nación, que hoy tienen en sus manos 14.500.000 hectáreas de chacareros endeudados, éstas pasarán a manos de la banca extranjera, suman un total de tierras vendidas e Hipotecadas de 31.400.000hectáreas. Para compararlo en dimensiones, algo así como TODA LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES, en manos de capitales extranjeros.Además, la familia Bush acaba de adquirir mas de 30.000 has. en la Provincia de CÓRDOBA, muy cerca de una fuente de agua dulce muy potable, la que está en los planes de los adquirentes exportar como agua Premium a Europa...Estas tierras luego serán las cabeceras de puente que utilizarán para su desembarco las tropas que en sus planes tienen ya, usar las aguas donde se encuentren, y los combustibles fósiles, y explotar las minas que los pueblos rebeldes impiden hasta ahora, tal como lo hacen desembozadamente en otros lugares del planeta, y basados en mentiras, como las armas de destrucción masiva de Irak. Pero en nuestro país hay quienes limpian las cabeceras de puente, las lustran y les crean las posibilidades a los extranjeros para apropiárselas, debiéramos comenzar un registro de estos cipayos traidores a la patria, a fin de que no pasen desapercibidos y podamos impedirles, aunque sea, alguno de estos sucios negociados. Será la construcción popular y la resistencia lo que permitirá la vida normal de las próximas generaciones, pero, como decía Einstein:
'La vida se ha vuelto peligrosa,
pero no tanto por los que hacen el daño,
sino por aquellos que se
sientan a ver qué pasa'
Manos a la obra, el futuro espera algo de nosotros, no hay tiempo que perder...
NOTA: La venta de tierras a extranjeros en EE.UU., está sumamente restringida,
por ser considerada un Insumo estratégico.
Fuente: http://tepasoeltrapo.blogspot.com/